sábado, 16 de febrero de 2008

Otra vez. Como si fuera la Primera.

“...el que se mueva baila el twist con su hermana la lombriz, yo mejor me quedo ¡ASÍ!"

Mi reloj suena a las ocho en punto, pero solo me despierto a medias, quiero seguir durmiendo tranquilamente, sin pensar, sin sentir. Me cubro por completo con las sabanas otra vez hasta que mi conciencia me empuja a levantarme en contra de mi voluntad. Me baño, desayuno, me arregló, todo lo hago a regañadientes. ¡No quiero ir, no quiero ir! digo como una niñita que se rehúsa a ir a la escuela. Me siento como una niña. Que irónico.

Pero tengo el tiempo de camino para pensar, para desear seguir durmiendo, para continuar mi vida hasta que llegue al teatro. Escucho mi canción una y otra vez, entiendo la voz como si fuese la de mi mente, y la música que llora como si fuera mi corazón.

“…y perder la razón en un juego tan real…”

Mis pies me guían, no tengo siquiera que abrir los ojos, se saben de memoria el camino tantas veces recorrido. Llegué, por fin. Y me siento feliz, de estar ahí, de verlos a todos, de besar a quien amo, de sentirme de nuevo dentro de una misma sintonía; pero a la vez tengo pánico, y todo me provoca horror, y quisiera salir corriendo.

Como una autómata hago lo que se me dice: subo, bajo, salto, ruedo. Y me encuentro de nuevo en el escenario, con los demás. Es solo durante esos breves minutos cuando me siento parte del todo que es la puesta en escena, cuando me siento íntimamente conectada con cada fibra de los once seres que me rodean. Escucho la voz del ente líder que nos ordena, pero más que ordenes se han convertido en decisiones mías. Es un deleite explorar los movimientos de mi cuerpo, mi relativa flexibilidad y la recién adquirida fuerza en las piernas; bailarle a los demás, bailar para ti mismo, o más aún, bailarle al escenario.

Esto es un ritual, nuestro intento de despertar a la tierra con los golpes sincronizados de nuestros pies y manos, hasta sentirlos estallar.

Bailamos tocándonos las palmas de las manos, me siento enamorada de la persona enfrente de mí, de los ojos que me ven desde la esquina.

Cantamos nuestras propias canciones, improvisadas con nuestras gargantas y manos y pies. Me encanta sentir las vibraciones sonoras bajo mis plantas. Me encantan los ojos de los demás, me encanta sentir el pulso del otro.

TERCERA LLAMADA: ACTORES

Refugiados cada quien en su propio lugar, en su interior; atrás de las cortinas esperamos. Reímos, cantamos canciones sin voz, nos estiramos, nos vemos, sonreímos, nos besamos.

Los miro a todos detenidamente, a los diez, todos cómplices de la misma travesura.

Se empiezan a escuchar pasos y el ruido de sillas siendo ocupadas; guardamos casi absoluto silencio, apagamos la luz y a ciegas esperamos. A veces, cuando las ansias nos ganan espiamos por un pequeño orifico, inspeccionamos al público, buscando gente. Los observamos a escondidas, casi como un desquite de lo que ustedes están a punto de hacernos a nosotros.
Empieza. La primera nota de la canción, inevitablemente nostálgica y triste. Me pregunto en silencio cuál será la impresión del espectador al escuchar esa canción por primera vez. Me imagino a Leo en su esquina iluminada, con todos los ojos sobre ella, al ser aparentemente la única en escena. Y a Ixchel procurando no ser vista mientras esta enterrada en la arena. Escuchamos con atención la entrada de Edu, el sonido de su avión imaginario me indica que todo acaba de empezar de nuevo. Otra vez como si fuera la primera vez. Y mi corazón empieza a latir con fuerza.

Es la entrada de Spanky y Marco o Rodrigo, depende del día. Me estiro por última vez, me pongo los zapatos, arreglo mi diadema y tomo mi muñeca. Tomada de la mano ya con Samantha siento un impulso inverosimil de huir, de decir siempre no. Mi corazón late demasiado fuerte. Prefiero cerrar los ojos. Sam abre la cortina y me hallo en el foco de luz, nerviosa. “Demasiado tarde…” dice Itzel. Pero es sólo una ilusión, porque Itzel se quedó allá atrás. Ahora esta niña es Paty. Bajo despacio las escaleras y siento la mirada curiosa del espectador sobre mí. Viene mi primer texto, y entonces, como si fuera magia, se esfuman los nervios. Entonces empiezo a jugar. Y me divierto. Y no me interesa la mirada juiciosa, porque se que nadie nos puede ver, que estamos solos.
Vienen los juegos rudos, los siento, la actriz que se quedó al fondo de la mente los siente. Viene el dolor de los golpes, y más que nada el dolor que provocan las intermitencias de emociones que tengo que vivir. Duele ser avergonzada enfrente del espectador, y de mis amiguitos, y de mi misma. Pero me río, y luego sufro, y juego, y lloro, y me siento transgredida....

"QUIEREN PROBAR CABRONES????!!!"

Todo juego se convierte en una vorágine de imágenes que no tienen sentido, de ruidos que atormentan a Paty, y por ende a mi también. Mis rodillas se raspan al ser sometida al piso, sobre la viruta que lastima, y mis ojos se cierran con fuerza. Escucho la respiración de la gente que tengo al lado, los sollozos contenidos, las risas del público que no puedo evitar tomar como algo personal; siento junto a mi sien el frío contacto de un rifle de juguete convertido en un arma mortal, y escucho en el fondo de mi mente algo leí......"Si supieras como lo imagino, con todos los rifles apuntándome y yo intentando fundirme contra el muro, pero este opone resistencia, como en una pesadilla....." Siento entonces las manos de Andrés que me corrompen, manos que he querido tanto, y que ahora "violan" a mi niña. Siento rabia, asco, siento dolor por mí, por ella y por todo aquel que haya sufrido lo que estoy sufriendo ahora. Abro los ojos y veo al espectador que tengo enfrente, me aferro a su mirada que es lo único que puede salvarla. No puedo evitar soltar unas lágrimas.
Tampoco soporto el grito desgarrador de un Julito asustado, encabronado, dolido. Y veo instintivamente al público, ellos tampoco pueden. Ja.-pienso para mi misma-Ahora ya no se ríen tanto.
Ha llegado la hora del funeral. Viendo el féretro del pajarito siento la presión del drama rebuscado sobre mí, y veo sobre esa caja, que hace las veces de ataúd, la cara de cada una de las personas que he amado, de mis esperanzas de mis sueños pisoteados, de mis rechazos y mis perdidas. "Como un pajarito se fue...No somos nada" Tan tan tatan, taaan tatantantantantaaaan...Marcha Fúnebre. Un funeral para todo lo que quiero enterrar.
El final llega junto con la música más trágica que jamás hayan oído y mi niña me dice "Pero si solo estábamos jugando...." Siento cobardía, impotencia, una pesadumbre que me invade. Y huyo, ahora sí huyo.
Unos segundos en la oscuridad detrás de las cortinas, siento al público emocionado mientras sigue la música y uno a uno van desapareciendo los actores. Hasta el oscuro final. Dos segundo más y viene el aplauso. Mi niña se fue y regreso yo. Otra vez, como si fuera la primera.


2 comentarios:

Fer dijo...

Vi la obra y yo me encontraba entre ls personas que no soportaban el grito de Julito, o que intentaban guardar las lagrimas, mismas que no aguantaron mas, como lo dije, mis respetos para Juegos a la hora de la siesta, es una obra que quieras o no te pega y muy muy fuerte, muchisimas felicidades, lo lograron. Esperare con ansias el regreso de la obra, la apertura de una nueva temporada.
Te quiero niña y me enknto tu obra.

Cat Nekoi dijo...

Recuerdo el día que nos leiste esto, tan emotiva fuiste, que apunto estuve de llorar, pero me aguanté porque las mujeres se aguantan!!! Ay la obra!! Ay Paty!! Ay que buena actriz, talentosa y, además, bonita!! Sí era ese el nombre o ya me equivoqué?? n__n