Ethos Magnifiqos
Memoria virtual y furor divino. All in one.
sábado, 27 de diciembre de 2008
Volviendose a Enamorar
Tengo ganas de volverme a enamorar.
*********
Después de varios dolores de cabeza y demás percances mentales he encontrado, tras un brevísimo ejercicio de auto-psicoanalisis nocturno, el meollo de todo este asunto de si quiero pero no sé.
Es la intimidad.
Encontré con él un lugar físico demasiado perfecto. Una guarida ultra secreta, donde podía ser absolutamente todo lo que soy. Mi éthos. Debajo de las cobijas, como si estuvieramos jugando a la casita...Y de hecho así era. Era nuestra casita.
*********
¿Cómo podré entonces compensar esa falta de intimidad casera?
Talvez necesite un poco más de ese Freud personal que me inventé anoche.
lunes, 22 de diciembre de 2008
De lo Azaroso y lo Necesario
Y cuando desperté me di cuenta de que yo tampoco entendía.
********
Esto del amor es algo raro. Me hace sentir tan llena y tan miserable a veces.
El viernes me di cuenta de algo que siempre he sabido pero nunca había entendido con claridad. Somos muy distintos. Vemos el mundo de perspectivas casi opuestas. Sentimos de maneras muy diferentes, no sentimos lo mismo. Y por un momento me dije "Rayos, ¿que es entonces lo que nos une?" ¿Qué es eso en lo que convergemos que nos mantiene juntos? ¿Que es lo que podría asegurarnos un futuro en común?
El amor, me dijo él.
Sí.
¿Pero no hay más?
¿No hay otra cosa más allá que nos permita quedarnos pegados el resto de la vida?
Hoy tuve un pequeño lapsus, aunque no estoy segura de que lo haya sido, porque fue inconciente pero cuando me di cuenta me pareció muy a proposito.
"Deberíamos darnos un tiempo."
La frase más asquerosamente trillada, sin embargo increiblemente usual. Una vez más mi inconciente hacía su trabajo, pero está vez me pareció que no era mi inconciente saboteador quien hablaba, sino su parte amable (si es que existe tal).
Generalmente, después de decir algo que me sale de adentro me cuestiono a mi misma al respecto, reprochandome o felicitandome por el valor. Esta vez no escuché nada. Mi mente estaba en completa quietud.
Y sentí sus nervios. Esos nervios cuando estás seguro de haber comprendido lo que sucede, pero esperas con toda tu alma haber escuchado mal. Sus deditos tamborileaban sobre mi mano. Yo no lo podía ver, no sentía la necesidad, y me parece que él no quería hacerlo por miedo a encontrar algo en mi que no quisiera ver.
No hubo necesidad de explicación. Era muy claro lo que había dicho.
¿Porque? La pregunta automatica. Y mi respuesta automática. No sé.
Esperaba que me cuestionara, que me pidiera una explicación coherente, algo que demostrara su desesperación. Pero no hubo tal. Hubo silencio.
Y ese silencio tan abismal entre los dos me disparó en la cabeza, como en suspención mental después de enterarse de algo terrible. Sentí algo que nunca había sentido antes, bueno sí, una vez, pero hace tanto tiempo que ya lo había olvidado. Sentí mi corazón en un frágil momentum, listo para caer y quebrarse en muchos pedacitos. Y mis brazos se sentían ligeros, pero no encontraba la fuerza para mantenerlos en su lugar.
¿Que era eso? Era ese vértigo endemoniado que me ataca cuando estoy desprevenida, el vértigo de saberte capaz de mantenete firme y seguro o de dejarte caer. Sabía que la división entre ambos es delgadísima, casi imperceptible, tuve miedo de mi misma, de mis elecciones. De los tres peores demonios que conosco: el dolor, la verdad y la desición.
¿Que nos está pasando? me decían sus ojos, los ojos que no me podían ver pero que yo se adivinar bien. Es que siento una nube o una sombre obscura que me persigue todo el tiempo, diciendome que esto está destinado a fracasar. Que no hay remedio. Our love lines growing hopelessly tangled.
Y otravez ese estúpido silencio.
Sentí que todo mi cuerpo latía a un solo ritmo desesperado pero, curiosamente, pasivo al mismo tiempo. Me sentía tranquila dentro de todo mi flujo bestial de emociones. ¿Que pasa? ¿Acaso será un primer asomo de la templanza que he estado cultivando? ¿Por fin soy una mujer temperante? En otro tiempo no hubiera podido ni hablar por las lagrimas. Ahora no sentía ni la amenaza de su próxima aparición.
Y sentía que él también palpitaba, sus brazos sentían lo mismo que los míos, pero seguían aferrandose a mí.
Malditos ideales del amor, pensé para mí.
El amor no es sólo sentimientos rosas, dije. Por lo menos no para mí.
Wow. Es que esté estado omnibulante en el que me encuentro me causa más cosas que todo lo que había provado antes. Me hace sentir on stage otra vez.
Lo llené de besos, repitiendole una y otra vez que lo amaba. ¡Y es cierto! ¡Lo amo! Pero hay algo que no me deja tranquila. ¿Que será? ¿El fantasma de encuentros pasados? ¿De otras vidas? Después de las pocas palabras dichas entre silencios prolongados, le dije que no podría dejarlo. Es que estoy tan enamorada de él, y lo amó con una intensidad indescriptible. ¿Que podría ser de mí sin él? Exactamente como en mi sueño, dejaría de ser.
Caminabamos de la mano, como todo el tiempo, pero la sentía vacía. Sentía que no tenía su mano, que solo estaba la mía aferrandose a si misma. Eso me dio pánico.
Y luego hizo algo que me provocó toda la miseria que siento ahorita. Me abrazó. Como nunca lo había dicho y dijo que me amaba. Y lo escuché sonriendo. Y escuché sus sollozos. No me quería mostrar la cara, por obvias razones. Me sentí terrible. Y lo abrazé con todas mis fuerzas, besandole el cuello e intentando pasarle por osmosis o algo similar todo el amor que sentía por él, la gratitud, la ternura, todo. Pertenecemos a este puro y hermoso sueño. Aferrate a él.
No siento tu mano, siento que está vacía.
Es miedo, me dijo.
Dime que no te estoy perdiendo, pensé. Dime que no es así.
Pero no me atreví.
Es mi naturaleza contemplativa. Eso es todo. Así soy yo. Pero prometo cambiar. Ya no quiero pensar. Pensar me da miedo. Prefiero mantenerme aislada en esto que siento por ti, sin pensar en lo que puede pasar. Al demonio con el eterno devenir, que pasé lo que tenga que pasar. Ya sea azaroso y/o necesario. Al diablo. Que se vayan todos al diablo. Te amo. Y me amas. Y nos tenemos los dos. No necesito más.
Pensé. Pero una vez más no me atreví a hablar. Solo estaba ese silencio destructor.
miércoles, 15 de octubre de 2008
First, Last & Always
My own, lovely and pseudo piece of shit...
My pretty bucket of cathartic crap...
Anyway....where was I?
Hay momentos fugaces en los que mi sadismo y ganas de self destruction me provocan muchas cosas. Me dan ganas de decirle que no lo amo, que no lo quiero ver, que me saque de su vida. Y se que en el instante en que le diera la espalda me desmoronaría de dolor.
¿Es miedo? Quizas. ¿O es una vez más es mi inconciente saboteador que viene a fregarme la vida? Tal vez.
Me pregunto a veces si sería una buena opción perderme. Y a veces dudo. Y no me gusta dudar. Porque veo en su cara la duda en reacción a la mía. Y no quiero que piense que miento, porque hasta el dia de hoy he hablado y actuado conforme a lo que mi interior me dicta, la verdad "relativamente" absoluta.
(Mi amor: ¡No dudes cuando te digo que nunca he sentido esto antes! ¡Y no dudes cuando te digo que te amo como no lo había hecho jamás! Tu sabes, tu me conoces, tu ves mis ojos cuando te lo digo. A veces pienso que es eso lo que más me gusta de ti y de mi, el momento en que solo nos vemos y el alma se antepone a la cara y es lo que mostramos.)
El asunto se complica cuando me voy atiborrando de debrayes sin explicar y cuando me pongo a razonar las cosas. (¿Tendrá algo que ver la razón con este extraño, exótico y extasiable estado llamado amor?...Nietzsche: "Hay siempre algo de locura en el amor, pero siempre hay algo de razón en la locura." ) Y por lo mismo, he decidido no razonarlo, solo sentirlo.
Ha pasado tan poquito tiempo y siento que hemos vivido demasiadisimas cosas juntos. Talvez sea porque tenemos ya bastante tiempo de conocernos o porque una parte de mi has been waiting long for this. (Mi amor: Nunca te lo dije, pero en mi corny & girly journal tengo escritas muchas páginas de ti, desde tiempo antes de que comenzaramos esto: "¿Es esto ilusión? ¿Que me está pasando?").
Mi vida parece que por momentos corre, y por momentos pasa en slow motion. Me asustan muchas cosas, el eterno devenir heracliteano del que he hecho muchos trabajos para la escuela. Me da miedo (miau) saber que las cosas cambian, y que tendré que adaptarme a ritmos distintos, a encontrar nuevos equilibrios pues los que tenía ya están obsoletos. Veo venir cosas raras; y cosas que desde este lado de la temporalidad parecen pérdidas, pero quizas ya del otro lado se vea el lado amable.
Sólo se una cosa. Que lo amo. Se que lo amo porque lo siento, porque siento como mis particulas bailan de felicidad cuando me toca, y mis ojitos brillan (lo sé porque los suyos hacen las veces de espejo....Lacan: "La mirada es la mirada del otro.") cuando lo veo. Y lo sé porque no puedo dejar de verlo cuando no se da cuenta, cuando tiene la mirada en otra parte y está pensando en algo más. Y lo amo porque cuando se da cuenta de que lo estoy viendo se chivea. Y sé que lo amo porque hay instantes que un solo gesto o un movimiento de cabeza o un sonido me deja perpleja, y mi mente me dice "Oh my god, he is just so beautiful, so fuckin' amazing." Y lo amo porque a veces lo beso impulsivamente, quizas con un toque de violencia, porque siento que quizas sea el último. Y lo amo porque lo cuido mientras duerme, le beso la frente mientras se abraza a mi y se queda dormido. Sé que lo amo porque al momento de escribir esto siento como el agua salada se va acumulando en mis ojos sin siquiera darme cuenta.
Te quiero! Te quiero! Te quiero! Te amo!!
My Love, First, Last & Always
sábado, 23 de agosto de 2008
...of Death and Romance
Y así durante una semana.
Sólo una semana.
Si me hubiera puesto a pensar en mi vida hace dos semanas no hubiera visto esto llegar por ninguna parte, en ningun momento proximo.
Pero el hecho es que aquí esta, y que me siento más feliz de lo que me he sentido en muchísimo tiempo. Mi corazoncito no había sentido tanta emoción o ilusión, no había deseado tanto brincar y gritar, ni había reido como loca por ningun motivo, no había tenido conversaciones tan amenas con mi gato (aunque parece que no le importa, e incluso siento q hay algo de celos involucrado en todo esto), ni había deseado tanto contarle a todos el motivo de tan repentino bliss. Pero al mismo tiempo es algo tan bello que al decirlo se reduciria su emocion inicial.
El primero fue el momento más bizarro. Estaba aterrada, con ganas de correr y correr, y mareada. No se veía venir de manera tan intensa.
El segundo estaba desesperadisima. No sabía porque.
El tercero fue de comprobación. Para darme cuenta de que era real y para probarme a mi misma.
El cuarto fue sorpresa. Simplemente perfecto.
El quinto fue total. Un resumen y una variacion de lo que ya conociamos.
Me sentí completa, amada, bellísima, llena de paz.
Todo esto ha sido tan rápido, tanto que siento que me da vertigo, pero según Milan Kundera, el vertigo no es más que las ganas desesperadas de caer y saber que se siente.
Al principio es algo torpe, como dos niños enamorados. (¿O será que eso somos?) Y el primer beso se sintio como un golpe, un golpe para reaccionar y que los sentidos adormilados regresen a su posicion de alerta permanente. Y hablamos, nos vemos, nos acariciamos. Como si desde el principio debío de haber sido así.
Lo veo, me besa, y ya ya no hay nada más. Estamos juntos, abrazados o besandonos y mis sentidos se bloquean a solo nuestra exclusividad. Solo está él. Sólo estoy yo.
El tiempo juega en contra nuestra, corre, como si quisiera ganarnos, y nos da miedo ver el reloj. Ver que el tiempo se nos acaba y que es hora de despedirnos. Vamos de la mano y ya siento que lo necesito. Y estoy segura de que el siente lo mismo.
Regreso a mi vida comun, y en dos minutos ya me siento desesperada. Necesito que me abraze y que me tome de la mano y que nos digamos todas las cosas que nos decimos.
Me siento confiada, feliz, a punto de explotar, con tantas cosas que decir, peor al fin de cuentas, como dijo él, no hay prisa. Tenemos todo el tiempo del mundo.
miércoles, 23 de julio de 2008
Días
He de admitir que tenía muchas ganas de escribir algo, pero no sabía exactamente que. Un poquito de esto, un poquito de aquello.
En fin.
En estos dias siento que siento muchas cosas raras, contradictorias, recuerdo cositas simples, instantes aparentemente insignificantes, que de la nada me invaden cuando estoy distraida. Precisamente, como una mancha de lluvia en mi memoria.
Me acuerdo de mis pasos exactos, del sabor del helado del verano pasado, del sonido de mis tenis cruzando los charcos, de mis pantalones mojados, de la luz gris del cielo, de mis lagrimas que en esos momentos pense que no tendrian fin.
Más alla, me acuerdo de la risa, me acuerdo de una foto en blanco y negro, me acuerdo de la ventana que solo podia mostrar el cielo infinito de una mañana de lunes.
Más lejos, me acuerdo de los besitos simples, sin nada que decir, me acuerdo de todas las canciones, de todos los colores.
Más allá de todo, me acuerdo de los ojos, los ojos de todos.
Cuando sueño que beso a alguien, no estoy segura de saber quien es, siento labios que bien pueden pasar como los de alguien más, como los de todos o como los de cualquiera.
Hoy no recuerdo. Quizas porque no hay nada que recordar.
jueves, 12 de junio de 2008
Oda al Ventilador Caído
Yo sí. En Córdoba. Junto con el resto de la Trouppé.
Hace un año sucedio toda esa secuencia de hechos rarísimos y exóticos, que de cierta forma me unieron y alejaron más de las personas que estaban formando parte, en ese momento, de mi circulo perfecto.
Los juegos, literalmente, a la hora de la siesta, la pedez mental, la simpleza, el incidente del ventilador, el calor, la calentura, mis malviajes....En esas pocas palabras puedo resumir el viaje a Veracruz.
Por eso, le dediqué un pequeño pensamiento nostálgico a nuestro ventilador caído.
Creo que nadie nunca lo podrá olvidar....
martes, 10 de junio de 2008
Sobre Escribir a Mano
Una convicción profunda subyace el hecho de haber cambiado pluma y papel, por teclado y pantalla. No creo que sea sólo la confianza que ha nacido entre nosotros y la computadora, como un movimiento gradual y obvio, o incluso necesario, como el paso de la pluma a la máquina de escribir: no. Entre la computadora y la máquina de escribir se alza un muro descomunal. Creo que la distinción entre uno y otro método radica en que, adjunto al avance de la pluma (o al ruidoso teclear de la máquina de escribir), viene un intenso sentido de perennidad del que carece el ordenador. ¡Qué sencillo es borrar una frase, un párrafo o páginas enteras en la pantalla de la computadora! El compromiso que existe entre esas letras y el autor es pequeño comparado con el de aquél que escribe a mano. Por ejemplo, ahora, en estos renglones… sencillamente me intimida el papel en un primer momento: me acerco a la hoja con cierto temor e ingenuidad que gradualmente desaparecen conforme crece la intimidad entre nosotros. Verter la primera letra sobre la página, dejar que la tinta trace el primer paso, involucra titánica predeterminación y solemnidad. Lo que ya se ha escrito con la pluma no se borra fácilmente. Estas palabras a las que otorgamos vida, un tiempo y un espacio, no pueden desaparecer del todo. Siempre dejan algo. Se pueden cubrir de rayones, por supuesto, pero seguirán ahí, debajo, en los subsuelos de la tinta, avergonzadas como adefesios, pero vivas. Se puede arrancar la hoja del cuaderno y tirarla a la basura, pero ese escrito no perece. Incluso si uno opta por incinerar el texto (achicharrando la tinta de cada letra) las cenizas y el olor de papel quemado están tan al alcance de nuestros sentidos que el vínculo no termina de romperse. Por supuesto, este mismo sentimiento paternalista involucra no sólo cautela, sobre todo suprema satisfacción y orgullo.
Y el hecho de que la tinta que sale de la pluma no regresará jamás a ella, el saber que esta pluma eventualmente se secará le confiere un papel un tanto humano: la trascendencia. ¿Acaso no, el único consuelo que le pueda quedar a la pluma, sea saberse progenitora de una frase excelsa, o incluso de un cuento completo, magnífico e inolvidable? ¿Es que no corre el riesgo, como el escritor mismo, de extinguirse después de páginas y páginas de mediocre contenido? La pluma, vista así, es una extensión nuestra a través (además del evidente vínculo físico constituido por el contacto de nuestros dedos sobre ella y la cadencia que nuestra mano le transmite) de esta relación que nace de compartir la ambición de dejar huella.
Sin embargo, incluso creyendo en estos vínculos y en estas responsabilidades, sería absurdo no querer escribir con pluma algo de lo que no estemos seguros de que será bueno. De hecho, ése es precisamente el atractivo. Todo lo que compone este acto de escribir: la hoja en blanco que habrá de ser surcada por la tinta y marcada para siempre; la tinta que forma pactos de distintas formas con el papel; la pluma que da a luz a esa tinta y que contornea la forma de los pactos; el escritor, a cuyo mandato se somete la pluma: todos arriesgan.
Escribir no es sólo el texto que finalmente contempla el autor en la pantalla de la computadora, cuando resopla y esboza una sonrisa de satisfacción por haber concluido una obra o parte de ella; esas palabras no transmiten la duda que hubo detrás, son frías y monótonas, indiferentes, efímeras e irreales, ilusiones ópticas; no hablan del frenesí que experimentó el escritor al concebirlas, no hay enmienda y no hay luto por aquellas que se quedaron en el camino.